¿sin historia y sin Evangelio?
Algo que no tiene lugar a dudas en la fe cristiana es el hecho de reconocer que fuimos entre todas las criaturas los únicos dotados de la libertad de elegir. Bastaría para corroborar esta afirmación leer los primeros once capítulos del libro de Génesis. Sin embargo, cito también un libro que llegó a ser tan leído en la Iglesia antigua que se le dio el título de Eclesiástico, el cual en los versículos 14 al 17 del capítulo 15 dice de la siguiente manera: “El Señor creó al hombre al principio y le entregó el poder de elegir; si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: elige lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja”. No creo que ningún cristiano ponga en duda esta libertad de elección que tiene el hombre; y cualquier proyecto político que pretenda tener sus raíces en la enseñanza bíblica no puede desconocer este principio clara y constantemente afirmado en la Biblia. Y esto es así porque Dios creó al hombre con la más entera dignidad y libertad. La creación no hubiera sido todo lo bueno, cabal y armónica que fue sin esta facultad del hombre. Dios corrió el riesgo de que fuera así, y efectivamente el hombre trastocó todo ese hermoso proyecto. Hablando políticamente Dios pudo erigirse como la fuerza superior dirigente de la sociedad y del Estado y no lo hizo. Como cristiano siempre he entendido que la muerte de Cristo y corazón del Evangelio es lo más distante de cualquier acción que pretenda hacer valer la autoridad y el poder. Sin embargo escogió el método de la persuasión, de la convicción, de la espera con paciencia por el arrepentimiento del hombre y la comunidad. Más aún que se le creyera sólo a su palabra. La ley perfecta dada a Moisés en el Sinaí no cambió el corazón de piedra por el corazón de carne, pero sí fue instrumento de esclavitud del hombre por el hombre. Como el fin del hombre fue el de dominar, mientras más preceptos y leyes más esclavitud para el pueblo. Por eso comparto lo que dijo José Martí: 'Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre'. Si le queremos dar un sentido político a esa libertad habremos de llamarla “independencia”, ¿Por querer librarnos de países imperialistas y neocolonialistas no terminaremos teniendo dentro de los límites de nuestro propio país sectores de gente vasalla, sin derechos, sin autonomía; venezolanos oprimidos por venezolanos, sólo por no poder gozar de esa libertad de elección? ¿Es necesario pagar ese precio? ¿El Estado al pretender ser garante de nuestra libertad y dignidad humana, no acabará suprimiendo una facultad propia del ser humano como es la libertad de elección? ¿Es tener conciencia social y comunitaria el pensar de esta manera, o sólo el pensamiento es colectivo con los que piensan como yo? Definitivamente todavía no somos una nación permeada como grupo social por el Evangelio ni por la historia. Y por eso he allí, los más grandes responsables por haber llegado en nuestro país a este punto: Los políticos y la Iglesia. Para mitigar un poco esta falta de historia quisiera terminar con la cita de un mensaje al Excmo. Señor vicepresidente de la República, desde Tulcán (Ecuador) escrita por Bolívar el 31 de diciembre de 1822: “La soberanía del pueblo no es ilimitada, porque la justicia es su base y la utilidad perfecta le pone término. Esta doctrina es del apóstol constitucional del día. ¿De dónde pueden creerse autorizados los representantes del pueblo a cambiar constantemente la organización social? ¿Cuál será entonces el fundamento de los derechos, de las propiedades, del honor, de la vida de los ciudadanos? Valdría más vivir bajo el feroz despotismo, pues al fin el sagrado del hombre tendría apoyo en el poder mismo que lo oprime”. Y qué decir de esta otra: “Ciudadanos: yo no soy el soberano. Vuestros representantes deben hacer vuestras leyes; la hacienda nacional no es de quien os gobierna. Todos los depositarios de vuestros intereses deben demostraros el uso que han hecho de ellos. Juzgad con imparcialidad si he dirigido los elementos del poder a mi propia elevación, o si he hecho el sacrificio de mi vida, de mis sentimientos, de todos mis instantes por constituiros en nación, por aumentar vuestros recursos, o más bien por crearlos” (Discurso en la Asamblea Popular correspondiente a la Segunda República, en Caracas, iglesia de San Francisco, el 2 de enero de 1814). Todavía más reveladora es esta última: “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente”. (Discurso de Angostura. 15 de Febrero de 1819). ¿Revolución Bolivariana?